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El oro no se oxida, pero el uso diario, los perfumes y el sudor pueden opacar su brillo. Con unos cuidados sencillos, tu pieza se mantiene como nueva por años.
Sumerge la pieza unos minutos en agua tibia con un poco de jabón neutro, frota suave con un cepillo de cerdas blandas, enjuaga y seca con un paño de microfibra. Evita productos abrasivos.
Guarda cada pieza en su estuche o en una bolsita suave, separada de otras joyas para que no se rayen entre sí. Un lugar seco y sin humedad es lo ideal.
Toda pieza de nuestra casa tiene garantía de por vida. Si necesita un ajuste o pulido, escríbenos y la dejamos como nueva.