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Cuando encargas una joya, una de las primeras decisiones es el quilataje del oro: 10k, 14k o 18k. La diferencia está en la pureza —cuánto oro puro contiene la aleación— y eso afecta el color, la durabilidad y el precio.
El oro puro es de 24 quilates (24k), pero es demasiado blando para el uso diario, así que se mezcla con otros metales:
Para uso diario (una pulsera o un Idde que no te quitas): el 10k o el 14k rinden mejor porque resisten más. Para una pieza de lujo o de regalo que buscas que luzca un dorado profundo: el 18k destaca. Si dudas, el 14k es la elección segura para la mayoría de las piezas.
El oro también viene en amarillo, blanco y rosado. Combinarlos —como en nuestras piezas de tres colores— permite resaltar detalles: por ejemplo, un resplandor en oro rosa sobre una figura en oro amarillo y blanco.
En cada pieza te asesoramos sobre el quilataje según lo que buscas. Todas se elaboran a mano y, si lo prefieres, por encargo en el quilate que elijas.